Profesores
Curro Arroyo
A veces una vida cambia en un minuto. En mi caso ocurrió en octubre de 2004, en una clase de Ashtanga a la que entré por casualidad. No hizo falta entender nada: supe que aquello iba a acompañarme siempre. Desde entonces la práctica diaria ha sido mi lugar seguro, mi brújula y mi maestro más exigente.
En 2006 viajé por primera vez a Mysore. Regresé muchas veces. No porque buscara respuestas místicas, sino porque allí se afina algo que no se explica con palabras. Sigo llevando ese aprendizaje dentro: disciplina sin dramatismo, respeto por la tradición y una mirada práctica que no se deja impresionar por los adornos.
Empecé a enseñar en pequeñas salas de la comarca de La Janda y, en 2011, abrí Ashtanga Yoga Conil. Hoy el espacio sigue vivo, crece y respira con las personas que pasan por él. No intento definirlo: para unos es un refugio, para otros un espacio de práctica, y para muchos un lugar donde poner orden dentro.
Enseño con humor, con observación silenciosa y con una convicción simple: el método funciona cuando se practica de verdad. Me interesa que la gente entienda, no que imite. Que encuentren su propio pulso dentro de una tradición que respeto, pero que también creo que debe evolucionar sin perder el centro.
Comparto este proyecto con Alberto Fariñas, compañero de vida y de escuela. Juntos mantenemos vivo un espacio que no pretende ser perfecto, sino honesto. Después de más de veinte años de práctica diaria, sigo viendo lo mismo cada día: cuando uno se compromete, algo profundo cambia. Y eso es lo que me mueve a seguir enseñando.

Alberto Fariñas
En 2010 entré en una clase de Ashtanga Yoga con Curro sin imaginar que aquello iba a mover tantas piezas por dentro. La práctica empezó a mostrarme otra manera de estar en la vida: más honesta, más clara y, sobre todo, más mía.
En octubre de 2013 viajé por primera vez a Mysore. Lo hice con la ilusión de adentrarme en una cultura que siempre me había llamado, y con el deseo de practicar con Sharath Jois, mi maestro indio. Aquella experiencia abrió una puerta que todavía hoy sigo recorriendo paso a paso.
En enero de 2017 enseñé por primera vez Ashtanga Yoga a un pequeño grupo en El Puerto de Santa María. Aquel inicio sencillo fue el germen de algo mucho mayor. En febrero de 2019 empecé a enseñar en Ashtanga Yoga Conil junto a Curro, un espacio que se ha convertido en mi casa y en el lugar donde vivo la práctica con más profundidad y coherencia.
Sigo aprendiendo cada día. Me siento un alumno eterno, agradecido a esta disciplina que no deja de mostrarme que el trabajo constante, humilde y sin ruido es el que transforma de verdad.
